lunes, 25 de junio de 2012

Otario de la Patagonia

Filo: Chordata
Clase: Mammalia
Orden: Carnivora
Familia: Otariidae
Género: Otaria
Especie: Otaria flavescens
Nombre común: Lobo marino sudamericano, otario de la Patagonia, lobo marino chusco, lobo marino de un pelo, león marino del sur, león marino sudamericano, lobo marino.
Estado de conservación (UICN): Preocupación menor (LC)



El otario de la Patagonia es una especie de mamífero pinnípedo de la familia de los otáridos. Es un león marino que se puede encontrar en las costas de Chile, de Perú, de Uruguay, de Argentina y del sur de Brasil. Es el único miembro del género Otaria. Su nombre científico fue objeto de controversia, ya que algunos taxónomos se referían a él como Otaria flavescens y otros con el nombre de Otaria byrona. Los primeros taxónomos ganaron esta batalla, pero todavía puede ser revocada y cambiarse el nombre a favor de los otros. A nivel local se le conoce por varios nombres, siendo los más comunes lobo marino y león marino.
Descripción
El otario de la Patagonia es, quizás, el arquetipo de los lobos marinos en apariencia.

Los individuos de esta especie son animales de grandes dimensiones, aunque el diseño de su cuerpo le permite moverse ágilmente en el agua y convertirse en unos grandes buceadores. En tierra también son capaces de moverse adecuadamente, pues sus patas anteriores les permite caminar para no arrastrarse como lo hacen las focas. Poseen un pelaje de color pardo oscuro en el estado adulto, aunque cuando son jóvenes es totalmente negro. Los machos adultos pueden llegar a pesar 350 kilogramos de peso y medir hasta 2.73 metros, mientras que las hembras apenas llegan a los 150 kilogramos y a los 2 metros de largo. Además, los machos poseen una cabeza muy grande con una melena bien desarrollada, que les otorga el nombre de "leones marinos".

Las crías al nacer son de un color naranja grisáceo en su parte dorsal, mientras que son totalmente negras por su parte ventral, para después mudar a colores más achocolatados. 

Reproducción
Los otarios de la Patagonia prefieren anidar en playas de arena, pero también lo hacen en playas de grava, rocas o guijarros. Incluso se les puede ver en acantilados rocosos planos con pozas. También se les pueden encontrar en marismas y y atracaderos, pero no se reproducen allí.

Suelen vivir en colonias pequeñas y dispersas de hasta quince individuos (sobre todo en las playas rocosas), a las cuales se llama loberías, formadas por el macho dominante, su harén y unos pocos jóvenes.

Entre Agosto y Diciembre se produce el apareamiento y las crías nacen entre Diciembre y Febrero. Los machos llegan para establecer y defender sus territorios, pero posteriormente cambian su comportamiento para defender a las hembras en cuanto estas llegan al lugar. Un macho arreará agresivamente a las hembras de su rebaño y las defenderá de los vecinos e intrusos. En las playas rocosas, los machos establecen como suyas las hembras que van a su territorio a refrescarse y las mantienen allí. En las playas de cantos rodados los machos tienen sus territorios cerca del mar y monopolizan a las hembras que tratan de tener acceso al agua. El número de enfrentamientos entre machos varía según el número de hembras en celo de la zona. Cuanto antes llega un macho a un territorio, más tiempo podrá quedarse allí y más cópulas exitosas conseguirá. Como mínimo, un macho podrá tener hasta tres hembras en su harén, pero se han registrado casos de hasta dieciocho hembras.

Durante la época de reproducción, aquellos machos (la mayoría subadultos) que no consigan proteger sus territorios y harenes usualmente tratarán de hacer incursiones a otros grupos para tratar de cambiar su status y conseguir el acceso a las hembras. Estas incursiones son más frecuentes en playas arenosas que de piedra. Estas incursiones provocan el caos en los harenes y a menudo las madres se distancian de sus crías. Los machos residentes intentan luchar contra los invasores y mantener a todas las hembras en sus territorios.  Los invasores no suelen tener éxito en sus incursiones, pero alguna vez logran capturar alguna hembra o incluso permanecer en un área de cría con una o varias hembras. En ocasiones los invasores también tratan de secuestrar a los cachorros, posiblemente en un intento de controlar a sus madres, y muchas veces toman a estas crías como sustitutos de hembras adultas. Así, estos subadultos forman sus propios rebaños con crías, al igual que los machos adultos lo hacen con las hembras. Estos cachorros pueden ser montados por su secuestrador, pero nunca se produce la intromisión del pene. Aunque estos secuestros no aportan beneficios inmediatos sobre el subadulto, este gana experiencia sobre como controlar los rebaños de hembras. Por otra parte, las crías secuestradas casi siempre acaban gravemente heridas o muertas.

Las hembras permanecen como mínimo una semana con sus crías recién nacidas antes de volver a realizar tres excursiones diarias al mar para alimentarse y sólo vuelven para alimentar a las crías que quedaron en la playa. Estas actúan agresivamente frente a otras hembras que pretendan acercarse a sus cachorros, o incluso a crías que traten mamar de ella. Los cachorros pasan cada vez más tiempo más cerca del mar y desarrollando técnicas de natación y entran por primera vez al agua a las cuatro semanas aproximadamente, y se destetan al año de vida, dado que normalmente la madre vuelve a dar a luz a otro cachorro en ese tiempo.

Su esperanza de vida ronda entre los 25 y los 50 años.

Comportamiento
Se ha observado en especímenes de esta especie que realizan diferentes vocalizaciones que se diferencian en sexos y edades para comunicarse entre ellos: los machos adultos realizan llamadas agudas durante las interacciones agresivas, ladran al establecer territorios, gruñen al interactuar con las hembras, y exhalan después de los encuentros o combates.

Las hembras con crías realizan lo que se denomina como llamada primaria de madre cuando interactuan con sus crías y gruñidos cuando se encuentran de manera agresiva con otra hembra.

Las crías hacen llamadas primarias de cachorro.

Alimentación
Sobre todo se alimenta de peces, pulpos, calamares, pingüinos y otras aves marinas. Pueden llegar a ingerir entre 15 y 25 kilogramos de comida al día y son presa de las orcas y tiburones. Además, los murciélagos comunes de la Isla Pan de Azúcar los ve como una fuente de sangre muy útil para su alimentación.

Es una especie clave del ecosistema costero, desplazándose ampliamente en la plataforma continental. Las hembras suelen ser más costeras que los machos en sus desplazamientos. A partir de estudios sobre su dieta las presas más importantes son la merluza, la raneya, los calamares y los pulpos. También se incluye la anchoíta, las nototenias, el salmón de mar, el abadejo y varios elasmobranquios. De entre los crustáceos se incluyen varias especies, aunque no son de importancia, salvo en años de abundancia del langostino. Estos resultados indican que esta es una especie oportunista que caza sobre una amplia gama de recursos con una tendencia hacia especies del fondo del mar (o demensales) y bentónicas, algunas de ellas de importancia comercial.  Entre sus parásitos se encuentran los nematodos, acantocéfalos y cestodos.

Los otarios de la Patagonia tienden a forrajear por el fondo de los océanos en busca de presas de movimientos lentos o cazar en grupos, dependiendo de la zona. En el momento de la captura, la presa es sacudida violentamente y desgarrada. Incluso se les ha grabado aprovechando los esfuerzos de caza de delfines de Fitzroy, robándoles los peces que ellos trataban de cazar.


Hábitat y distribución

Se encuentra en las costas sudamericanas, tanto del Atlántico como del Pacífico. Se extiende desde el sur de Perú hasta Chile, en el Pacífico y hacia el norte en el Atlántico hasta el sur de Brasil.

Se desplazan durante los meses de invierno y la primavera hacia el norte y vuelven al sur para reproducirse de nuevo. Las colonias de cría más notables incluyen las Islas de los Lobos, Uruguay, la Península de los Valdes, Argentina, el Canal Beagle y las Islas Malvinas. Ocasionalmente se han observado ejemplares divagantes en las Islas Galápagos (Ecuador), Colombia y Panamá, pero nunca se han reproducido allí.

Amenazas
Las poblaciones de la cultura Moche del antiguo Perú adoraban el mar y sus animales; de hecho, a menudo representaban a los lobos marinos en su arte. Un ejemplo es la estatua de un otario de la Patagonia, símbolo actual del Mar de Plata.

Como principal amenaza del pasado estaba en ser humano, que cazaba a los otarios para obtener su carne y grasa, aunque la principal razón era la piel de las crías recién nacidas para la peletería. Los pueblos indígenas de Sudamérica explotaron a esta especie durante milenios, y los Europeos hicieron lo mismo durante el siglo XVI.

Sin embargo, y aunque afortunadamente la explotación directa en la Patagonia ha cesado, los otarios interaccionan con todo tipo de pesquerías y de muy diversas formas. Durante la década de 1990, se estimaron tasas de mortalidad en diversos artes de arrastre y fondo y pelágicos que variaba entre 150 y 600 individuos. También interactúan con pesquerías de redes de agalla en la Provincia de Buenos aires que están dirigidas a tiburones y corvinas, donde consumen parte de la captura disminuyendo su valor económico. En la pesca de palagre en el Golfo San Matías daña la captura y es objeto de persecución por parte de los pescadores. Otro tipo de interacciones con pesquerías es el que se refiere a las específicas o ecológicas y que dan cuenta de los efectos indirectos de la explotación pesquera sobre las presas que son comunes a otros predadores del sistema marino ya que estos otarios consumen presas comunes a los que recolecta la pesquería. Es de esperar que la composición de la dieta de un predador como es esta especie cambie si se modifican las abundancias relativas de sus presas, sobre todo considerando que la merluza y el calamar común son las presas más importantes y también constituyen las principales especies diana de las pesquerías de la región. 

Por tanto, los efectos que las pesquerías produzcan en la abundancia de estas especies terminarán modificando la dieta de los predadores. Se desarrolló un modelo multiespecífico que incluyó el calamar común, la anchoíta, la merluza y el lobo marino en el norte y centro de la Patagonia. Los resultados obtenidos indican que existen efectos recíprocos entre las especies incluidas, siendo los más significativos la cosecha de calamar y de merluza. 

La población del litoral patagónico se encuentra en expansión, aunque no ha recuperado aún su tamaño poblacional original. Los problemas de mortalidad incidental en artes de pesa, si bien han sido evaluados, aún no han sido considerados por el sistema de gestión pesquera. El problema de la fauna acompañante no forma parte del sistema de evaluación de los recursos pesqueros. En cuanto al turismo, si bien no puede ser considerado una amenaza o un problema de conservación, los nuevos asentamientos de lobos marinos se encuentran en zonas de explotación privada, con escasa protección o control por parte de guardafaunas o del sistema de manejo de áreas protegidas.

La estimación actual es de 265.000 individuos. Las poblaciones están creciendo en Argentina, pero están disminuyendo en Chile y Uruguay. Los individuos del puerto del Mar de Plata han sido encontrados con metales pesados y productos químicos tóxicos en sus cuerpos. Aún así, la población total de otarios de la Patagonia se puede considerar actualmente estable.

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